Folio 200r

 

Allí dixo Rodrigo, ‘Non vos será negado.

Llevé treçientos cavalleros e traxe quarenta e quatro.’

Quando esto oyó el rey, tomólo por la mano,

al real de castellanos amos a dos entraron.

El rey enbió a dos a dos los cavalleros de mando,

fasta que apartó noveçientos que a Rodrigo besassen la mano.

Dixieron los noveçientos, ‘Por ó Dios sea loado,

con tan onrado señor que nós besemos la mano.’

De Rodrigo que avía nonbre, Ruy Díaz le llamaron.

Cavalgan estos noveçientos,

a la infanta tomaron entre la tienda del buen rey don Fernando.

Con ella fue el rey muy ledo e pagado.

Allí dixo Rodrigo al buen rey don Fernando,

‘Cavalguen vuestros reinos e non sean en tardarlo,

yo iré en la delantera con estos noveçientos que yo trayo.

Señor, lleguemos a París, que assí lo avré otorgado,

ca aí es el rey de Françia e el emperador alemano,

í es el patriarcha e el papa romano.

Que nos están esperando a que les diéssemos el tributo,

e nós queremos ge lo dar privado.

Que fasta que me vea con ellos, non sería folgado.’

Entran en las armas, comiençan de cavalgar,

la delantera lieva Rodrigo de Bivar.

Cavalgan en la mañana, al alvorada, ante el buen rey don Fernando

Los poderes juntavan, ya eran fuera de París,

asentados en tantas tiendas, en tantos ricos estrados.

Allí llegó Rodrigo con tresçientos cavalleros.

Allí se reptan françeses a bueltas con alemanes,

riétanse los françeses con tantos de los romanos,

Allí fabló el conde de Saboya, muy grandes bozes dando,

‘Quedo,’ dixo, ‘Los reinos, non vos vades coitando.

Aquel español que allí vedes es diablo en todo,

el diablo le dio tantos poderes que assí viene aconpañado.

Con mill que trae mal me ha desbaratado,

e en mill e noveçientos fízome grand daño.

Prísome por la barba, amidos e non de grado.

Allá me tiene una fija, donde soy muy cuitado.’

Allí finca la tienda de Ruy Díaz el Castellano.

En el tendal don Ruy Díaz cavalga apriessa en el su cavallo Bavieca,

el escudo ante pechos, el pendón en la mano.

‘Oít,’ dixo, ‘Los noveçientos, veredes lo que fago.

Si non diesse con la mano en las puertas de París, non sería folgado.

Si podiesse mezclar batalla, el torneo parado,