Folio 195v

 

Los cavalleros todos escopían e ívanse de él arredrando,

Rodrigo ovo d’él duelo e tomólo por la mano,

so una capa verde aguadera passólo por el vado,

en un mulo andador que su padre le avía dado.

E fuésse para Grejalva, do es Cerrato llamado,

so unas piedras cavadas, que era el poblado,

so la capa verde aguadera, alvergó el Castellano e el malato.

E en siendo dormiendo, a la oreja le fabló el gapho,

‘¿Dormides, Rodrigo de Bivar?  Tiempo has de ser acordado.

Mensagero só de Cristus, que non soy malato,

sant Lázaro só, a ti me ovo Dios enbiado,

que te dé un resollo en las espaldas, que en calentura seas tornado,

que quando esta calentura ovieres, que te sea menbrado,

quantas cosas començares, arrematarl’as con tu mano.’

Diól’ un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado,

Rodrigo despertó e fue muy mal espantado,

cató en derredor de sí e non pudo fallar el gapho,

menbróle d’aquel sueño e cavalgó muy privado,

fuésse para Calahorra, de día e de noche andando.

Í era el rey don Ramiro de Aragón,

í era el rey don Fernando,

í era el rey don Ordoño de Navarra.

Venido era el día del plazo e non assomava el Castellano.

En priessa se vio él, e a Diego Laínez ovo buscado,

‘Diego Laínez, vós lidiat este rieto por salvar a vuestro fijo, que a vós era dado.’

Dixo Diego Laínez, ‘Señor, plázeme de grado.’

Ármanle mucho apriessa el cuerpo e el cavallo,

quando quiso cavalgar assomó el Castellano.

A reçebirle sale el rey con muchos fijos dalgo,

‘Adelante,’ dixo a Rodrigo, ‘¿por qué tardades tanto?’

Estonçe dixo Rodrigo, ‘Señor, non sea culpado,

ca aún fasta el sol puesto es todo el día mi plazo.

Lidiaré en esse cavallo de mi padre, que el mio viene muy cansado.’

Dixo Diego Laínez, ‘Fijo, plázeme de grado.’

El rey con grant plazer parósse armarlo.

Dixo Rodrigo, ‘Señor, non sea culpado.’

Cavalgar quería Rodrigo, non quería tardarlo,

non le venía la calentura que le avía dicho el malato,

dixo al rey, ‘Señor, dadme una sopa en vino.’

Quando quiso tomar la sopa, la calentura ovo llegado,

en logar de tomar la sopa, tomó la rienda del cavallo.

Endereçó el pendón e el escudo ovo enbraçado,

e fuésse para allí do estava el Navarro.

El Navarro llamó ‘¡Aragón!,’ e ‘¡Castilla!’ el Castellano,

ívanse dar seños golpes, los cavallos encostaron.

Dixo el conde navarro, ‘¿Qué cavallo traes, Castellano?’